Karibá

“Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”

En el diálogo de saberes con Ati Quigua, la joven y bella mujer Tayrona aprendí que Karibá, País de las aguas, es el nombre ancestral del territorio que hoy habitamos. Fue durante la conmemoración del “Día Mundial sin plaguicidas” el pasado 3 de diciembre, fecha en la cual el Mundo entero, rinde un homenaje de recuerdo a las víctimas de la irracionalidad, representada en la aplicación de la tecnología humana, con la puesta en marcha de la utilización de las armas de guerra, como paliativo al desbalance de los agroecosistemas, para el mal llamado, control de plagas, enfermedades y malezas, en cultivos producidos bajo los parámetros de la “Revolución Verde”, nacida bajo la visión económica de la postguerra en los años 1946.

Olvidar la memoria ancestral y con ella el significado de sus nombres, el haber llamado al territorio de Karibá, Colombia, en honor a su conquistador, es algo no sólo premeditado sino también una expresión de genuflexión que permitiría el acercamiento a los sistemas económicos del planeta; desde que la comunidad humana tuvo noción de las ganancias, hecho que les ha convenido en todos los tiempos, acentuada con los regímenes monárquicos, para los que era más ventajoso el cambio del nombre, ya que es imposible echar al olvido la destrucción de la capa vegetal que se hizo en España, bajo las políticas de Fernando e Isabel quienes en su afán de lucro para la Corona, estimulaban la mesta o pastoreo intensivo, para la producción de lana.

El pastoreo comunal fue permitido, como también la tala de los bosques, y la extracción de los troncos de los arboles para la fabricación de las embarcaciones que usaban en la conquista de sus colonias, el resto de monte que quedaba era quemado para la siembra de pasto. Paralelamente, con la expulsión de los moros de la Provincia de Andalucía, se dio la destrucción de los sistemas de irrigación; esta piratería duró hasta 1836 y ella fue parte de la herencia que la América india recibió. Fue así como sistemas acordes con la economía de la naturaleza, como los existentes en Karibá y que nuestros antepasados indígenas habían manejado y no explotado, fueron masacrados por los sistemas de explotación dados por las políticas de los reyes católicos y de Carlos V entre los siglos XV y XVI. Ni España, con sus políticas gubernamentales agrarias pudo, ni podrá reparar los desastres provocados en sus suelos, ni en el continente al que llegaron, hoy sometido a un sistema de subdesarrollo.

Agregaba Ati Quigua, es necesario recuperar la toponimia de este territorio, ya que sus nombres ancestrales son parte vital de la cartografía sagrada, donde todo está relacionado; al interior del país el nombre Tolima significa: “país del las nubes”, y entre el país de las aguas y el de las nubes… la existencia de toda una cosmogonía donde todo se entrelaza, todo es ese total del tejido de la vida, donde cada hilo forma el tejido vital… Los cerros tutelares se conectan como ombligo con la placenta, es así como el cerro Tuza del Suroeste antioqueño, cuyo nombre es el de la “mazorca de maíz madura”, sin aún abrirse, esta en estrecha relación con el cerro de la Sierra nevada, al noreste del país, llamado Inagua, “In”, significa maíz. Conexiones relevantes en un conocimiento ancestral que perpetúa la vida en una cosmogonía vital para ella.

Nuestras semillas, en última instancia, son esas expresiones de permanencia de vida, base de la alimentación de la humanidad… Quien controle las semillas controlará los alimentos y quien controle los alimentos manejará uno de los bio-poderes más determinantes de los tiempos venideros, y por ende el control económico, político y cultural de la población. Somos los hijos del maíz dice esa cosmogonía indígena, ligada a los nombres del territorio, pero en la actualidad con los TLC, las semillas son transgénicas e importadas y de ellas nos alimentamos. Nos vendieron… venden nuestro territorio KARIBÁ, país de las aguas, país de las nubes. Se envenenan, se contaminan: las aguas, la tierra y los suelos con minería, el aire con los vapores nefastos del mercurio, en definitiva, se concesionó el territorio en malas jugadas de póker…

En el pasado gobierno nuestras semillas fueron obsequiadas a la Cámara Global de Semillas de Svalvard (Noruega), que es el banco de semillas más grande del Mundo (cuya bóveda tiene capacidad para guardar 2.000 millones de semillas durante siglos. Es resistente a los terremotos, las erupciones volcánicas y las radiaciones y una temperatura de -180 C.). Patrocinado por Global Crop Diversity Trust: Bill y Melinda Gates, Syngenta y Dupont (entre otros). Las semillas estas disponibles para ser certificadas, en el caso en que fallen las semillas transgénicas aún no seguras.

Bóveda Global de Semillas de Svalbard, Noruega

Mientras nosotros crédulos y expectantes, pensamos que se puede empezar la construcción de la Paz, donde el campesinado ocupe el lugar que le corresponde, como cimiento de un País “Digno y civilizado”. Esto fue lo firmado por muchos en aquel magnífico “Manifiesto por la PAZ hasta la última gota de nuestros sueños”, que escribimos con manos orquestales hace tres años el equipo de colaboradores de La Pluma; hoy a pesar de todo, continuo trabajando cotidianamente por la construcción de estos sueños…

Aún la falacia del hambre en el mundo, no asume la verdad, ya que para el sistema capitalista actual dicha hambre es un negocio. Jossette Sheeran, la directora del Programa Mundial de Alimentos, dijo: “Estamos viendo más gente con hambre que antes. Hay comida en los estantes, pero la gente no tiene con qué comprarla”.

Alcanzar hoy la inversión necesaria para lograr cumplir la meta de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996, de reducir el número de hambrientos a la mitad para el 2015, necesita una inversión anual de 30.000 millones de dólares USAmericanos; la cantidad es baja si se compara con los 365.000 millones gastados en 2007 en apoyo a la agricultura en los países ricos, los 1,340 billones de dólares gastados cada año en el mundo en armamentos, y los billones de dólares movilizados en poco tiempo para apuntalar el sector financiero. Olvidándose de la Soberanía Alimentaria, que es el derecho de los pueblos a los alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles, producidos de forma sostenible y ecológica, con políticas agrarias y la defensa de nuestras Semillas nativas, que tienen la energía que alimenta la humanidad, protegen nuestra biodiversidad y la vida.

Hoy es necesario mirar la nueva ruralidad del país, el desplazamiento forzado, resultado del conflicto social, político y armado que vive el territorio desde hace 6 décadas y que arroja una cifra de más de 5’000.000 de personas en su mayoría campesinos que han sido expulsados de sus tierras. Se han perdido cuatro millones de hectáreas, una tercera parte de la superficie productiva de Colombia (Cifras oficiales de Naciones Unidas, 2012). Propietarios que hoy son jornaleros e indigentes, haciendo morisquetas en los semáforos de las ciudades, mientras que el 6.32% del P.I.B. se encuentra dedicado al presupuesto militar.

Cuando en el país no existen políticas claras para la protección de nuestros campesinos y de las mujeres rurales, es preocupante el análisis económico de costo-beneficio, frente a procesos, que se dan durante las negociaciones de Paz, pidiendo cese el fuego de forma unilateral, porque así se le sigue viendo desde las jugadas de póker. Se quiere que se entreguen las armas, como si el acallarlas, no fuera suficiente, mientras se siguen entregando en concesión minera y de fracking, el país entero, y se remplazan los cultivos de cuya producción se hace un uso licito, por agroindustrias de palma aceitera que aniquila los suelos, luego de morirse por la pudrición del cogollo, enfermedad fitopatológica, contra la que luchan nuestros patólogos hace 50 años. Entregas del país que antes no había sido posible negociarse, ni concederse; negocios realizados a nivel de una economía de capital y del impacto nocivo sobre el Ecosistema.
Pido a las mujeres de paz, a las indígenas, a las mestizas hijas de españoles e indias, afrodescendientes, que somos todas las habitantes de Karibá, me acompañen a abocar el Principio de Precaución. Derecho internacional de los pueblos acogido por la Constitución del 91, contra la minería y el fracking: “cuando una actividad hace surgir amenazas de daño para el medio ambiente o la salud humana, se deben tomar medidas de precaución incluso si no se han establecido de manera científica plena algunas relaciones de causa-efecto”.
Si las tecnologías más modernas permiten saber donde se encuentran en el vientre de la Tierra los metales preciosos, ¿qué necesidad hay de herir el suelo, descuajar la selva, acabar con la biodiversidad, contaminar las aguas subterráneas, el aire, matando los ecosistemas? Es el colmo de la ignorancia e inconsciencia humana ya que se extraen los metales despolarizando la Tierra, para guardarlos en bóvedas bancarias en lingotes…. Es por eso que se borra la memoria ancestral, para ser irresponsables…
La formación de los suelos es algo que ha costado a la evolución y coevolución de la vida, millones de millones años. Las rocas metamórficas de la cordillera Central dadas durante el mesozoico y cretáceo, son importantes en la geología en cuanto al contenido de minerales, que sin duda para Antioquia y el resto de Karibá, juega un papel preponderante, representado en el oro, como motor de saqueo y aniquilamiento, no solo durante la conquista sino en los actuales momentos, con las malas jugadas de póker.

Y hablando de olvido, El Espectador del 15 de diciembre último, hacia alardes de Los avances de la relación Santos Correa: Aquellos tiempos en los que el presidente de Ecuador, Rafael Correa, consideraba a Juan Manuel Santos un personaje no grato parecen haber terminado. El bombardeo en territorio ecuatoriano que terminó con la vida del jefe de las Farc alias Raúl Reyes, en 2008, ordenado por el hoy presidente colombiano cuando fungía como ministro de Defensa, quedó en el olvido. Ya desde finales de 2013 lo habían olvidado, cuando negociaban la salud y los ecosistemas, gracias a las componendas; nos quedamos sin saber qué hacer frente a las actuaciones del neoliberalismo y la aceptación del populismo nacionalista. Y se negoció la demanda interpuesta por el gobierno de Ecuador ante el Tribunal Internacional de los Pueblos en el 2008, por 15 millones de dólares USAmericanos, más los costos de inversión para el pago de abogados y gastos jurídicos realizado por el gobierno de Ecuador.

Esperemos, que un día no lejano, se dé con firmeza el respeto a las legislaciones y un verdadero desarrollo económico sostenible, donde la Agroecología tome el lugar del monocultivo. Las políticas estatales deben ser dignas del pueblo, el campesino debe ocupar el lugar privilegiado con la dignidad que amerita en nuestra sociedad; son ellos los que cultivan la tierra y ponen el conocimiento heredado de sus ancestros al servicio de todos. No sólo siembran más del 70% de los alimentos que cada habitante de este territorio encuentra en su plato cotidianamente, sino que enriquecen y mantienen vivo nuestro patrimonio filogenético.

Formas de habitar nuestra casa: el planeta Tierra

Cada vez que escogen lo mejor de sus cosechas, preparan el suelo para acoger “nuestras semillas de identidad” y trabajan en conjunto con el agua, el clima, los microorganismos, los insectos, la materia orgánica y demás elementos del agroecosistema, contribuyendo a que nuestras especies vegetales nativas sigan poblando el territorio, pese a los caprichos del mercado estandarizador.

Que sepa el estamento y la Mesa de negociaciones, que el pueblo conciente de este territorio ancestral Karibá, no permitirá que él sea un desierto de la Guajira a Leticia.

Liliam Eugenia Gómez Álvarez especial para La Pluma, 26 de diciembre de 2014
Editado por María Piedad Ossaba

Lilliam Eugenia Gómez Álvarez Ph.D. Ecología avanzada, ingeniera Agrónoma, Corresponsal de la Pluma. Responsable de la rúbrica. Economía de la Naturaleza.

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