En el día Mundial de las aves migratorias Ati Quigua invita a apoyar el Proyecto de Acuerdo de los Derechos de la Naturaleza en Bogotá.

Desde 2006 la Organización de las Naciones Unidas – ONU Environment se encarga de celebrar, el segundo sábado de mayo y octubre, el Día Mundial de las Aves Migratorias, con el objetivo de resaltar la importancia de la conservación y protección de este grupo diverso y sus hábitats, este año bajo el lema «Las aves conectan nuestro mundo»,.

Aproximadamente 1.900 de las 11.000 especies de aves del mundo migran. Colombia ocupa el primer lugar en diversidad de aves con cerca de 1.999 especies, de las cuales, el 14.5% presentan comportamientos migratorios y muchas  vienen del noroccidente, centro u oriente de Norteamerica, así como, del sur de Suramérica, llegando directamente a la amazonia colombiana.  

En la Sabana de Bogotá anualmente se tiene la visita de miles de aves migratorias de diferentes especies. Viajando largas distancias, de un continente a otro e incluso atravesando el océano entero en búsqueda de refugio, alimento y en algunas ocasiones un lugar para la reproducción y la crianza,

Las aves y su vuelo migratorio marcado por los ciclos estacionales, nos recuerdan la interrelación que existe entre los diferentes sistemas, como también la auténtica interdependencia entre las diferentes especies que habitan en el planeta y su dadora de vida, la naturaleza. En su sabiduría milenaria la naturaleza se encuentra armonizada con todas las especies que la habitan, plantas y animales. Las aves son el símbolo de la interconexión que existe entre los diversos ecosistemas del planeta. De ahí la importancia de su protección y la conservación de las áreas donde viven.

Hoy el territorio de Bacatá conformado por los humedales, los cerros orientales, las quebradas, lagos y ríos de la gran cuenca del río Bogotá, así como, el majestuoso páramo de Sumapaz, son vitales para la supervivencia de estas especies. Ya que entre las principales amenazas se encuentra la desaparición o alteración de los hábitats, que puede interrumpir tales rutas migratorias haciendo que una parte significativa de estas poblaciones pueda incluso desaparecer al no alcanzar su destino final.

Otras de las amenazas que encuentran estas viajeras en su recorrido, son la contaminación de los ecosistemas por medio de las prácticas agrícolas insostenibles y la aplicación de pesticidas y herbicidas, que afecta no sólo a los animales sino al agua y los suelos. En el caso de las rapaces, como las águilas pescadoras, se ven altamente impactadas por la cacería indiscriminada por que se alimentan de las granjas piscolas e igualmente, se les atribuye erróneamente propiedades medicinales como creencia popular. En este sentido, al menos 10 especies de las reportadas como migratorias en Colombia se encuentran en categoría de amenaza a nivel mundial por la UICN y 14 especies migratorias amenazadas a nivel nacional, de éstas, tres en estado crítico (CR).

El afán por hacer de la Naturaleza un objeto que fabrica dinero para unos pocos, no ha permitido ver la riqueza y la belleza natural que la Tierra posee por sí misma. Así como la belleza de las aves, ya sea por su canto o por el color de su plumaje y no por el valor que estas representan para los cazadores indiscriminados. 

El vuelo de las aves migratorias nos permite viajar por diferentes ecosistemas y de esta manera conocer el estado de salud en el que se encuentra la naturaleza. En los últimos años son cada vez menos las aves que logran llevar a su lugar de destino, por causa de las prácticas altamente contaminantes e  insostenibles que mantiene la especie humana, causando transformaciones negativas al interior de la biósfera y sus ciclos naturales.

El patrón de comportamiento de superioridad que existe del ser humano hacia la naturaleza y sus demás cohabitantes del planeta, ha llevado al olvido y desconocimiento de la importancia de cuidar y preservar la vida de la Tierra y por ende la del mismo ser humano. La Tierra se ha convertido en un objeto, por causa de la avaricia del hombre, encubierta en su discurso del mal llamado desarrollo, ha depredado y sigue destruyendo la vida en la Tierra, contaminando el agua, deformando los suelos, bosques, montañas y desiertos, desapareciendo los humedales, elementos de vital importancia que cumplen la función de mapa, marcando la ruta que guía a nuestras hermanas aves en su recorrido en busca de alimento y hospedaje.

Es momento de parar y repensar la manera en la que el ser humano está desarrollando su vida en el planeta, día a día la Naturaleza se manifiesta, su voz es la voz de las aves, que poco a poco han sido calladas. Es hora de replantear ¿cuál es la función del ser humano sobre la tierra? y reconocer que los sistemas de organización y crecimiento de la especie humana, han sido la principal causante de la degradación de los ciclos naturales que nos ha llevado a vivenciar una crisis social, ambiental, cultural, política y económica.  En este punto de no retorno nos corresponde hacernos responsables del daño que hemos causado. La Naturaleza está viva   y debemos volver nuestra mirada hacia ella y sus ciclos naturales, volver a escuchar la voz de la Madre Tierra, representada en el sonido del agua que corre libremente por sus afluentes naturales, el sonar de las hojas de un árbol estremecidas por las corrientes de viento, manifiesta en el cantar de las aves, esta es la voz de la Madre Tierra y llegó el momento de ser escuchada.