Derechos de todos los animales: Los domésticos, los explotados por la industria y la fauna silvestre.

La concejal Ati Quigua y el Movimiento de los Derechos de la Naturaleza rechazan la crueldad, a la indiferencia, a la perversidad en la Cultura y al elitismo en la democracia en la Capital.

No sólo los toros, ni los animales domésticos sino toda la fauna de Bogotá merece ser respetada, valorada y protegida del maltrato, tortura, tráfico o explotación. La Ley de Origen como un legado milenario de las culturas propias del territorio colombiano, reconoce en la Naturaleza una norma y un orden armonioso del que se desprende un derecho natural al sustento y a la vida que tienen todos los seres y especies de la tierra. Un mandato democrático de protección y respeto por la vida de los animales ha venido siendo desconocido en beneficio de intereses privados, en los que prima una cultura del poder del más grande sobre el más débil.

La temporada taurina suscita un debate que toca las fibras y las definiciones de la cultura, la democracia y la manera en que la ciudad, su gente y sus instituciones, permite la expresión de la diversidad, en armonía con los principios ambientales, éticos y vitales. El respeto por el bienestar animal y el principio de igualdad son un asuntos que ha quedado manifiestamente claros dentro del talante de las políticas públicas de la ciudad así como en manifestaciones ciudadanas formales como la consulta popular antitaurina, que sin embargo están quedando relegadas a la hora de ejercer control sobre prácticas como las lidias, peleas de gallos o escenarios como el aumento del tráfico y pérdida de hábitat de la fauna silvestre o la atención a la población de animales de compañía. Ahora que la ciudad tiene limitados instrumentos para detener una industria del espectáculo basada en la tortura, para regular sus dinámicas y que prácticamente queda en manos del Congreso de la República el horizonte definitivo de la coherencia con el respeto a los animales como seres sintientes en todo nivel, debemos rechazar con más determinación la imposición de preferencias sectoriales minoritarias, la indiferencia funcional y a todo acto de violencia y guerra contra la Naturaleza.

Mientras sigue gestándose la Política Nacional de protección y bienestar animal, en el marco de la Política Nacional de Biodiversidad, debemos nutrir la visión de una democracia viva, incluyente y que respete dignidad de todas los seres que hacen parte de la comunidad socioecosistema urbana, no sólo de los toros, víctimas sistemáticas de un negocio que involucra otras licencias a la seguridad ciudadana como el consumo de alcohol, sino velando por el cuidado integral de las todas las especies animales en el distrito, la especies domésticas, como las de la rica y desconocida fauna silvestre de Bogotá, que según la Secretaría de Cultura el 90% de la población ni siquiera reconoce.

Una ciudad con un Centro de Fauna silvestre aprobado y en obra pero que no tiene asegurada la dotación, ni los servicios de funcionamiento y en últimas su efectiva operación; en la que a pesar de ello atiende mensualmente a cerca de 250 animales y en los dos últimos años a más de 7200 animales víctimas del tráfico y la tenencia ilegal, provenientes de los más diversos ecosistemas del país; una ciudad con más de 200 especies de avifauna en el país con mayor diversidad de aves del mundo, merece algo más que un desincentivo a la crueldad, algo más que la primacía del desarrollo económico por encima de una verdadera cultura creativa, innovadora, respetuosa de la vida y que no promueva la violencia como espectáculo.

Hoy crece en el mundo entero la conciencia del bienestar animal, incluso a través el reconocimiento explícito a los derechos de los animales y otras entidades no humanas. Según un antiguo principio de gobernanza ancestral, quien cuida el agua tendrá un gobierno exitoso, esto podría extenderse al cuidado de los que la ciencia nos ha dado contundentes explicaciones desde la genética, son nuestros semejantes, nuestros hermanos con quienes compartimos el territorio. Una ciudad que promueve la justicia ecológica, que cuida, sin excepción, ni conveniencias, a los animales y al conglomerado de formas de vida podrá albergar exitosamente a la diversidad de visiones de mundo y florecer hacia un modelo de ciudad saludable, justa, sustentable, como un territorio para el buen vivir para todos.

Oficina de Prensa Concejala Ati Quigua