Jul 28

Las normas de ellos o las nuestras


Por Salud Hernandez Mora

 

Ati Seyguntiba Quigua, de 23 años, está a punto de perder su curul en el Concejo de Bogotá porque no cumple la ley que exige a los concejales ser mayores de 25 años, norma que solo se aplica en la capital. La restricción es incongruente en una ciudad donde los niños trabajan, los adolescentes se casan y tienen hijos, y a los muchachos de 18 años los mandan al campo de batalla a dejarse la vida. Pueden camellar, morir, matar, responsabilizarse de unos niños, pero los consideran incapaces de formar parte de las instituciones municipales que deciden sobre sus vidas urbanas.

Ati Seyguntiba Quigua, de 23 años, está a punto de perder su curul en el Concejo de Bogotá porque no cumple la ley que exige a los concejales ser mayores de 25 años, norma que solo se aplica en la capital. La restricción es incongruente en una ciudad donde los niños trabajan, los adolescentes se casan y tienen hijos, y a los muchachos de 18 años los mandan al campo de batalla a dejarse la vida. Pueden camellar, morir, matar, responsabilizarse de unos niños, pero los consideran incapaces de formar parte de las instituciones municipales que deciden sobre sus vidas urbanas.

Por esas condiciones particulares del país, lo lógico es que pudieran ser concejales a partir de los 18, como en el resto de alcaldías, dada la madurez que adquieren a marchas forzadas la mayoría de los jóvenes.

En el caso de Ati, la prohibición tiene aún menos sentido y puede, incluso, ir contra el espíritu de la Constitución. Ella pertenece a los arhuacos de la Sierra Nevada, en donde, según sus tradiciones, una menor adquiere la mayoría de edad en cuanto le llega la menstruación. A partir de ese momento, pasa a ser mujer y a desempeñar todos los papeles que la comunidad le asigna.

Esa realidad la ha avalado el Instituto colombiano Antropológico e Histórico. Para su director, la edad cultural y biológica de Ati a sus 23 años equivaldría en nuestro mundo blanco, a una franja entre los 26 y los 30. Además, otro factor para tener en cuenta es que la esperanza de vida de esos pueblos indígenas es inferior.

Lo importante del caso de esta estudiante de administración pública, madre de una niña, no es tanto si el Consejo de Estado le devuelve o no la curul, sino si estamos dispuestos a conciliar las características específicas de las diferentes etnias que conviven en Colombia. Y, de paso, si Bogotá elimina una norma restrictiva obsoleta e injustificable. Con un alcalde de espíritu abierto como Lucho, que siempre declara su respeto hacia los jóvenes, lo esperado sería que eliminara ese listón y dejara que ellos tomaran parte en la solución de los graves problemas que sufren en la ciudad.

En cuanto a la diversidad étnica y cultural de la Nación que proclama la Carta Magna y al respeto a las normas específicas que rigen en los territorios indígenas, el caso de Ati nos recuerda el debate de si sus reglas solo aplican en sus zonas o en todos los lugares a los que vayan. Es decir, si para relacionarse con nosotros, ellos tienen que aceptar de antemano nuestras propias normas y nosotros no ceder un ápice de las nuestras.

En Ecuador, donde los indígenas están bien organizados y ejercen fuerte presión política, el dilema se presenta cada vez que surge un conflicto entre ambas legislaciones cuando blancos o indios cruzan a la frontera contraria. Para unos, deben regir las normas de los territorios en donde se producen los hechos. Para otros, es un deber respetar la idiosincrasia de cada pueblo en todas partes.

El de Ati es un caso menor pero significativo. Es una arhuaca que quiere participar de forma activa en los asuntos públicos, derecho protegido por la Constitución, y que contó con los votos necesarios además de la capacidad, seriedad y madurez suficientes para ejercer su mandato. Y, para su cultura, también tiene la edad requerida. Ahora le corresponde al Consejo de Estado decidir si los indios deben adaptase a nosotros o si podemos construir entre ambos mundos unas reglas flexibles que respeten la diferencia.

P.D. Es una desgracia para nuestros vecinos que haya ganado Chávez. De acuerdo que es producto de los años de corrupción de sus predecesores, pero creo que la penitencia la han pagado con creces.

Admiro a los millones de venezolanos que han luchado de forma democrática estos años para sacarle y espero que no se sientan derrotados. No pueden vencer el poder corruptor del barril de petróleo a 44 dólares.


Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
22 de agosto de 2004
Autor

SALUD HERNANDEZ-MORA

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