Aug 11

Pueblos Indígenas en riesgo de extinción

 
 
Una página glacial de nuestra realidad
 
Los pueblos indígenas si bien conservan un legado ancestral de profundas raíces, afrontan un gran riesgo de extinción física y cultural.
Algunos pueblos con sólo tres personas agonizan, otros como el Tinigua conserva su lengua, pero no hay herederos. En la Sierra la Macarena -donde ejército y guerrilla libran una guerra a muerte- Sixto Muñoz, último hablante y sobreviviente del Pueblo Tinigua, también libra una resistencia sin precedentes contra el olvido; con tenacidad se aferra a las únicas huellas que quedan de su pueblo y su cultura, representadas en él mismo. Ya es un anciano mayor y, quizá… con él morirá todo un legado ancestral de sabiduría, una cultura, una civilización… 
¿Qué hacer?
 
Ante el difícil momento autoridades indígenas: Sabios, Zagas, Mamos, Taitas, T’walas, Jaibanas… llaman a hermanar esfuerzos para salvar a más de 30 pueblos indígenas que podrían desaparecer muy pronto. “Hay que tomar cartas en el asunto” han dicho, pero es un compromiso no sólo de los pueblos indígenas, sino del Estado, de las instituciones, de la humanidad… 
 
Para preservar el legado ancestral luchan incansablemente por la defensa de su historia, su identidad cultural, cosmovisión, dignidad y derechos; fortaleciendo sus lenguas, manteniendo sus rituales… Desde el sur del país, en la Amazonía, hasta el norte, en la Sierra Nevada, los pueblos indígenas trabajan por la consolidación territorial y gobernabilidad interna. Su reto es recuperar sus culturas, fortalecerlas a través de la educación propia; sus danzas, rituales, su cosmovisión y su conocimiento ancestral son pilares con que cuentan para esta tarea.   
Nuestro legado ancestral 
 
En la Sierra Nevada los Mamos realizan sus pagamentos para mantener la armonía con Se, Orden Natural y procurar el entendimiento entre diversas culturas; enseñando y orientando el cuidado y respeto por el agua y la naturaleza, para proteger el legado ancestral y la vida en el planeta. La Línea Negra es el pilar sagrado de su espiritualidad.
En el Caquetá, los Koreguaje recorren el Camino de los muertos y recrean la historia de la morada de los espíritus… Muchos pueblos Mambean, consumen la hoja sagrada de coca; hacen mingas para reflexionar sobre su cotidianidad: cómo se debe comportar en familia, en comunidad y para recibir orientación de los mayores. 
Varios pueblos mantienen su calendario ecológico, especialmente los pueblos andinos y algunos amazónicos como los Bora, Miraña, Okaina, Uitoto, Makuna, Tucano; éstos también practican el Yurupari, máximo ritual de ayuno, que se rige por su calendario ecológico. El Yurupari lo manejan los pueblos del Miriti y del Apaporis. 
El Pueblo Matapi, a orillas del río Miriti Paraná, mantiene viva la danza del Chontaduro “el Tori”, festival de la chicha, se realiza cuando hay cosecha en honor al padre del chontaduro, creador de este pueblo. 
En el Valle de Sibundoy queda para el Patrimonio nacional el carnaval del Perdón, Kalusturinda, máxima expresión cultural, artística y espiritual de los pueblos Inga y Kamëntzá. 
Los Makuna, en La Pedrera, mantienen vínculos vitales sagrados con sus Cerros y ríos: el Cerro Yupatí (en lengua Yeral) es su cerro sagrado, pilar de la maloka -columna de su pensamiento-, otro cimiento de la Madre Tierra es: Chibiriquete queda en el Araracuara; las otras columnas reposan sobre el Apaporis: el Cerro de La Estrella y la Serranía de la Libertad. 
Los Yucuna practican y conocen profundamente la medicina ancestral, es un manejo interno para el control territorial, control social; cómo dominar a la gente que tiene malas intenciones. Conocen a quiénes quieren hacer daño, los ven en diálogos y sueños nocturnos. 
Los Yuries aún preservan parte de su nomadismo; con 120 personas contactadas, este pueblo  está ubicado al suroccidente del Amazonas -cabecera del rio Puré- vive de la caza y de la selva. Los Yuries tienen su fuerza espiritual y controlan su territorio, pero hoy las políticas del gobierno lo afectan; en 2007 declararon esta región como Parque Natural: El Puré, para “proteger” el territorio de un pueblo, “pero en realidad la política de parques está pensada para desplazar, pues responde a intereses económicos particulares”, expresa una líder huitoto de la región. 
Todavía los Muisca, los Kichwa, Pasto, Inga, Nasa y pueblos andinos celebran el Inti Raimy; en el Cauca los Nasa celebran con gran intensidad el ritual del Sáquelo. Estos son sólo algunos casos, pero los pueblos indígenas mantienen sus formas de vida: danzas, cantos, su espiritualidad… Mantienen el conocimiento total y ancestral de lo que es su cosmovisión.  
Pueblos que se extinguen  
No obstante, la otra página de la historia: más triste, más glacial, absurda e inhumana muestra cómo otros pueblos asisten a su inminente extinción. Del pueblo Kabiyari, en la frontera del Brasil (occidente del Amazonas) sólo quedan seis personas; viven en la Comunidad: Quinche Meta, ellos sufrieron mucho desplazamiento y como desenlace maldito de su porvenir hace poco, el año pasado, varios de ellos se envenenaron por químicos que llevaron grupos del narcotráfico. No quedan niños, apenas sobrevive una de sus autoridades, una anciana, dos mujeres y un hombre jóvenes.
Del Pueblo Karijona, perviven unas 25 personas, los pocos que sobrevivieron a la nefasta época de la cauchería están ubicados sobre el Chorro Puerto Córdoba, sobre el rio Caquetá, pero aún resalta sus hermosos cantos y danzas… El Pueblo Yaunas del Amazonas prácticamente asiste a su final; quedan tres personas, dos mujeres y un niño; las mujeres perdieron su linaje cultural y hoy están integradas al pueblo Yucuna a su idioma y su cultura… 
El Pueblo Yujú perdió su lengua, pero resiste a la extinción, practicando aún su nomadismo; unas 50 personas recorren el río bajo Apaporis, frontera con Brasil, donde afrontan los impactos de la explotación minera y la presencia en su territorio de actores externos que amenazan su existencia.   
 
En Casanare el pueblo Wipiwi no tiene territorio para la siembra de sus cultivos y por ende carece de autonomía y soberanía alimentaria; la mayoría de sus 80 sobrevivientes afronta un alto nivel de desnutrición crónica. En el Vichada el Pueblo Amorua, que cuenta con una población de unas 500 personas, en su mayoría ha emigrado a zona urbana, especialmente a la capital del departamento,  donde recicla basura para sobrevivir; afronta la discriminación racial de parte de otros habitantes urbanos y eso lo hace, aún, más vulnerable. 
De los 50 indígenas pertenecientes al Pueblo Wachina del Vaupés, sólo quedan 47 pues el año anterior tres de sus menores fueron reclutados a la fuerza por actores armados ilegales. Este pueblo ve gravemente amenazada su pervivencia, por el impacto del conflicto. 
En Guaviare los Nukak Makú último pueblo nómada afronta su inexorable extinción a raíz del conflicto, el desplazamiento, la pérdida de su territorio ancestral, la colonización y enfermedades prevenibles y curables que no son tratadas por falta de atención estatal. Hasta hoy ha muerto un 80% de su población desde que fueron contactados en 1988. Viven en precarias condiciones; sus tierras -según la Defensoría regional- fueron ganadas a sangre y fuego por la colonización en detrimento de sus derechos. De 450 sobrevivientes, unos 250 permanecen desplazados hace por lo menos 6 años. Hay otros pueblos que viven en condiciones similares o peores de las que, como ejemplo, hemos expuesto. 
 
Factores de riesgo 
 
La extinción “que afrontan nuestros pueblos y los motivos que a ello condujeron han cabalgado, sin excepción, sobre épocas de bonanza, desde la invasión española y la bonanza cauchera, pasando por las trigilladas (comercio de pieles de tigre, danta y otros animales) hasta la explotación minera y el boom del narcotráfico. A esto se suma el impacto que genera el conflicto, el desplazamiento y la pérdida de territorio que ello implica. 
 
A la extinción física y cultural de nuestros pueblos se suma la inminente desaparición de lenguas. Nuestras lenguas maternas son una riqueza, un pensamiento vivo que no podemos perder. El año pasado hubo dos reveladores informes: uno de Amnistía Internacional y otro de ONU que advierten el inminente riesgo de extinción de 32 pueblos indígenas en Colombia y anuncian que en menos de 100 años podrían desaparecer unas 7.000 lenguas nativas Las lenguas indígenas no son sólo de las comunidades indígenas, sino la posibilidad para que la humanidad entienda otra forma de ver el mundo. Colombia que es un país mestizo pueda ver la realidad también con ojos nativos. 
Para preservar las más de 60 lenguas indígenas tiene que haber una acción de preservación de las lenguas nativas que incluya programas de radio, televisión a nivel masivo que permita su difusión. Segundo crear una Academia Nacional de Lenguas que permita a los hablantes apoyar mediante el proceso de integración de familias, comunidades y etnias dentro y fuera de sus resguardos. Es muy importante garantizar el empoderamiento de las comunidades de sus valores tradicionales
 
“Palabra Dulce Aire de Vida”: Campaña por la pervivencia de los Pueblos Indígenas    
 
Dadas las condiciones en que viven la mayoría de pueblos indígenas, unos 70 de ellos estarían en riesgo de desaparecer, unos por falta de políticas y/o programas de gobierno para atender sus necesidades. Lo anterior se refleja en una reciente denuncia de la organización indígena OREWA del Chocó, en la que asegura que unos 85 indígenas emberá, niños, habrían muerto por falta de atención en salud durante los últimos 10 meses.
 
Con propósito de poner en escena mundial las precarias condiciones en que viven los pueblos y buscar medidas tendientes a prevenir su extinción, se espera que haya un hermanamiento de solidaridad de los colombianos y de la humanidad frente a este drama.