Aug 10

El día de los pueblos indígenas es el día contra el olvido

 
 
Colombia con enorme dificultad, se abrió paso el derecho de las víctimas de nuestra última guerra, aún no terminada, a la verdad. Hay unos pocos esfuerzos de memoria histórica que se empiezan a construir, los que sin embargo dejan aun, sentimientos de vacío y añoranza profundos: El eco de las voces olvidadas (rememora la historia de Cavineños de la Amazonía boliviana), Voces del Desierto (sobre la huella  que dejo el paramilitarismo en el Pueblo Wayuú de la Guajira; las AUC rompieron no sólo los códigos de honor de este grupo étnico, sino que produjo la ruptura del cordón umbilical de los indígenas con su cultura), Que cese el fuego (la reconstrucción de la verdad sobre la Toma del Palacio de Justicia por la guerrilla y la retoma militar). 
Otros ejemplos: La Masacre del Salado, esa guerra no era nuestra, que rememora un episodio cruel del desenlace del conflicto que dejo miles y miles de víctimas, pero sus dolientes se resisten, a que éstas mueran en la memoria. "La última muerte y la más glacial"; Hoja de Cruz, recoge las huellas y desolación que dejó el paso Paramilitar por Atanquez, un caserío de población indígena Kankuama, que en menos de 10 años sufrió más de 300 asesinatos de sus miembros, miles de desplazados, centenares de mutilados, desaparecidos y un pueblo que pese a la adversidad vive de su memoria ancestral. "-Pero si ya nos mataron, y eso no tiene remedio, ¿para qué se recuerda?, dijo uno. -Para fijar en la memoria la historia que no debe repetirse, respondió el otro. -Entonces, ¿qué hay que hacer con los culpables?, replicó uno. "…Habrá que pedirles que se asombren y se espanten de lo que han hecho, para que no lo vuelvan a repetir", concluyó el otro. Esta reflexión de dos ancianos llevó a realizar la memoria histórica del Pueblo Kankuamo de la Sierra Nevada de Santa Marta.                              
De ese tamaño son los retos que debemos soslayar. No se trata solo de desempolvar recuerdos, hacer evocaciones, o añorar el pasado, sino de restablecer  valores, principios, cosmovisiones, el ideario, la mitología, la visión filosófica del mundo, del origen de la vida,  de nuestros más antiguos ascendientes y reivindicar su valioso aporte a la identidad de la Nación colombiana, pero por sobre toda para, parodiando a James Joyce: "…forjar en la fragua de nuestra alma, la conciencia increada de nuestra raza".  
 
Urge por ende, reescribir la historia, contándola desde la visión de los aborígenes, otorgándoles el sitial que el hombre europeo y más tarde el criollo, bien sea por arribismo, ignorancia o vergüenza, le negó. Nuestra historia, no empezó en 1499, fecha en la que por primera vez tocaron los españoles tierra de la que hoy es Colombia; ella se remonta a por lo menos 20.000 años antes de Cristo.  
Consideramos que el olvido es otra forma de violencia, por ello nuestro propósito no sólo propende recuperar esos referentes culturales, sino que estos se recreen y se vivan, que no se queden en un libro o informe.
 
Es también un esfuerzo de lucha contra la impunidad, como ocurre en muchos casos, citamos un ejemplo de ignominia que luego de 100 años, y hasta hoy, sigue impune y con muchas heridas por sanar, pese al arduo trabajo que han emprendido tanto los ancestros, como dirigentes indígenas de la Amazonía, donde ocurre la historia. El boom cauchero (1880 -1930) dejó unos 80.000 indígenas masacrados de forma brutal: mutilados, descuartizados, fusilados y quemados vivos. Amarrados al piso, presos en cepos donde sus verdugos hacían del látigo y la tortura un carnaval de infamia. Indefensos y humillados veían llegar la muerte, en un festín de sangre y horror. La cultura ancestral fue casi exterminada; La Casa Arana en Cabeza de Julio Cesar, su cuñado Pablo Zumaeta, Jacobo Berchillon y los colombianos Benjamín y Rafael Larrañaga, entre otros, amasaron riquezas incalculables y ganaron poder a costa de la existencia de varios pueblos. Cristóbal Buinage, dirigente Huitoto, explica cómo en La Chorrera -donde viven desde el origen, cuatro pueblos indígenas: Bora, Ocaina, Muinane y Huitoto- ocurrió: "un exterminio cruel, inhumano que hizo de esta región un Paraíso del Diablo: de los cuatro pueblos que éramos unos cien mil miembros; 40.000 huyeron a Perú, Brasil y Caquetá, el resto murieron".  
 
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Ati Quigua
 
Somos gotas de un mismo rió...