Aug 22

Ati Quigua denuncia como los campesinos son despojados de sus tierras en Bogotá

 

Ati Quigua en el Debate de control político Plan Parcial Tres quebradas de Usme, denuncia como los campesinos son despojados de sus tierras en Bogotá, en zona de interés Arqueológico, hídrico y agroalimentario.

Las veredas de Usme donde se proyecta la Operación Estratégica Nuevo Usme es un patrimonio cultural y de la biodiversidad. A tiempo que está relacionado con el derecho a la tierra, por lo tanto, es un problema del Distrito y de la Nación.

Los campesinos, por su parte, indicaron que la compra masiva de tierras por Metrovivienda rompe el tejido familiar. Otilia Cuervo, campesina de la zona, y presidenta de la Junta de Acción Comunal de la vereda La Requilina, manifestó su inconformidad por los proyectos de expansión urbana, “este proceso es más macabro que el desplazamiento que en la época de la violencia, pues no nos deja opción de defendernos…”

Respecto a la parte ambiental la líder señaló que Usme es el conector ecológico, y justo donde está proyectada la urbanización es la reserva agroecológica: Los Soches. Además “15 rondas de agua y muchas otras fuentes, zonas de reservas ambientales y de biodiversidad se verían afectadas por el Proyecto de vivienda que no es de interés social, sino de interés económico… Nos conformaron en cuatro polígonos… nos tienen bombardeados con normas y decretos para sacarnos… atropellándonos más nuestros derechos”, concluyó.

La Concejala Ati señaló, además, que el Plan Parcial Tres Quebradas se aprobó sin tener identificada la totalidad de los cuerpos de agua y poniendo en riesgo la preservación de las quebradas: El piojo, Cáqueza, La Requelina, El Fucha, La Medianía, Los Soches, Pasaleón, Villalobos, Carroco y La Quinta.
 

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Hallazgo arqueológico


Usme, un eslabón que hila nuestra historia...

En su visita a la hacienda El Carmen de la localidad de Usme, el pasado 05 de febrero, la concejala Ati Quigua, encontró campesinos aferrados a su territorio exuberante en cultivos, fuentes hídricas y reserva forestal, el cual defienden de la expansión urbana que amenaza destruir su cultura rural y el patrimonio arqueológico.

Lamentan que instituciones de la “Ciudad Positiva”, como Metrovivienda, desconozcan la cultura del campo y atropellen sus derechos, “cultivamos nuestra tierra, de ella vivimos y producimos el sustento para la ciudad, cuya administración quiere expropiarnos y desplazarnos”.

La concejala brindó su apoyo a los campesinos en la defensa de su territorio, su cultura y patrimonio que han cuidado históricamente. Respecto al Pacto de bordes pide tener en cuenta las particularidades de esta localidad dadas en, primero su riqueza hidrográfica, 12 cuencas, segundo el hallazgo arqueológico, un sitio sagrado y ritual: biblioteca prehispánica que cuenta cómo vivieron los primeros habitantes de Bogotá y su relación con las fuerzas naturales, y tercero el patrimonio de cultura campesina del Distrito, contemplado en la Política de Ruralidad, pero que no se cumplido, al contrario está amenazado por la intervención urbanística y la propuesta de desarrollo.

 

La defensa territorial y patrimonial

La lucha que afrontan solos los campesinos de Usme frente a la expansión urbana que, según ellos, vulnera sus derechos y pone en riesgo la riqueza hídrica y reservas forestales, la cultura rural, los campos fértiles y el hallazgo arqueológico, explica porque la ciudad ha crecido de espaladas a sus raíces, débil en su identidad y con profundo desconocimiento de su propia idiosincrasia.

Dentro de la problemática recogida por la concejala indígena y su equipo periodístico se destacan tres aspectos fundamentales uno el territorial, dos el hallazgo arqueológico patrimonial y tres la afectación familiar, cultural y social, que redunda de la pretensión urbanística no concertada con los campesinos.

Lo territorial deviene desde la aprobación del Plan de Ordenamiento Territorial, POT cuando el entonces alcalde mayor de Bogotá, Enrique Peñalosa, lo adoptó mediante decreto 619/2000 el cual, señala Ati, no contempla la visión indígena ni siquiera la población. El POT, según los campesinos, es inconstitucional pues no fue aprobado por el Concejo Distrital. Pero más allá de su alcance jurídico los campesinos exigen definir, concertado con ellos, el Pacto de bordes urbano rural, también establecido en la Política Pública de Ruralidad aprobada en 2007 mediante decreto 327 pero hasta hoy implementada, como señala la comunidad. De otra parte el avaluó catastral afecta a los campesinos pues el precio establecido por metro 2 de tierra es de $ 4.500, que consideran irrisorio y en detrimento del patrimonio; denuncian el congelamiento del precio de tierras, lo cual no permite hacer negocio o mejora alguna a estos predios.

El proyecto de vivienda de interés social para Usme, está contenido en la Operación Estratégica Nuevo Usme, que establece 4 planes parciales, los 2 primeros: Tres Quebradas y El Carmen fueron aprobados mediante decretos por el alcalde Samuel Moreno Rojas. La concertación con los campesinos, según miembros de las comunidades, no se ha hecho ni para el POT, ni para el proyecto de vivienda, ni para el Pacto de bordes. Señalan que no hay un Plan de Manejo Ambiental, ni proyectos productivos para las comunidades, de resultar afectadas por la urbanización.
La conservación del patrimonio cultural y arqueológico de Usme se condensa en preservar la hacienda El Carmen, como legado de la cultura muisca prehispánica, que gracias a los campesinos se ha protegido y preservado hasta hoy. El contenido e impacto del hallazgo arqueológico lo explicó Virgilio Becerra, profesor de la Universidad Nacional, coordinador del Estudio de Manejo Arqueológico para El Carmen. Becerra señala que en este Plan se solicitó al Instituto Colombiano de Antropología e Historia, ICANH, reservar y proteger el hallazgo. Según el estudio de 30 hectáreas de El Carmen 8 contienen alta densidad de hallazgo, las cuales se deben destinar para construir un Parque arqueológico y en ello se comprometió ante las comunidades el alcalde Moreno Rojas, “nuestro empeño es que sea un Centro cultural de Bogotá en el Sur de Colombia”, expresó el profe Virgilio.

Recordó que en otras zonas como Soacha y Ciudad Bolívar la Nacional ha encontrado presencia humana ininterrumpida desde hace 12.000 años en los cuales se construyó una noción de territorio y una forma de ver el mundo. El patrimonio material e inmaterial contenido en el hallazgo de Usme iría desde el año 1200 hasta 1600 de nuestra era y ofrece información sobre la vida y pensamiento de las personas que estuvieron ahí, sus relaciones entre ellos, el mundo de los dioses y las fuerzas naturales que, según su cosmogonía, controlaban el universo. Además el estudio muestra una interacción e interrelación de los ancestros del Altiplano y de Usme con habitantes de los Llanos Orientales, el Magdalena y el Páramo de Sumapaz. Usme fue puerta de entrada al Altiplano y punto de intercomunicación con otras regiones.

El hallazgo estaría contenido en Restos óseos y cerámicos, unas 2000 tumbas, vasijas y elementos de patrimonio arqueológico. En algunas veredas cercanas los campesinos han descubierto cercas de piedra, caminos y evidencias arquitectónicas, hechas por indígenas, y piedras con jeroglíficos…

 

Nuestra cultura campesina

Los habitantes del sector señalan que la Mesa de Concertación y la de Defensa del Patrimonio, avaladas por el Distrito y las comunidades, las instituciones no las han tenido en cuenta. “Cuando las instituciones toman decisiones sobre patrimonio no consultan los actores implicados”, denuncian líderes campesinos. Ello responde a que no hay iniciativas que promuevan la memoria colectiva ancestral, casi en el olvido están la Diosa Usminia, el Dios Usme y Samanguachica, entre otros, reclaman consultores de arte y cultura de Usme como Jorge Calderón y Jorge Luis Gamboa. Calderón agrega que hay, en la zona, sitios de pagamento y piedras sagradas que por su valor simbólico la comunidad ha recuperado para realizar ceremonias tradicionales y eventos culturales, pero que las instituciones y la ciudadanía desconocen.

Nury Salazar Eslava, campesina de la vereda La Requilina señala que con la urbanización se vería afectada la preservación cultural y el patrimonio histórico de Usme, donde al menos cinco generaciones de campesinos han vivido y construido una identidad, una cultura y lazos familiares. “Somos familias de tradición: Chipatecua, Cautiva, Tunjuelo, Salazar y Gutiérrez, entre otras. La urbanización generaría rompimiento de estos lazos familiares, que conectan todas las veredas: desde Los Soches hasta la última que es Chisacá”. Agrega que sus tierras no están en venta, pues la urbanización les vulnera el derecho al trabajo, a la propiedad, al territorio, al ambiente sano y a la familia.

Por su parte la concejala Ati recordó que si bien Bogotá es una ciudad artificial, segregada, segmentada, estratificada e insostenible que sacrifica sus aguas, su patrimonio, sus suelos agrícolas y sus campesinos en nombre del progreso, “no olvidemos que venimos de un territorio colectivo y sagrado, dimensión que tenemos que recuperar e incluir al POT. Con ello recuperaríamos otra dimensión de territorio como el aire o el espacio electromagnético, invadido por los medios de comunicación que mal informan y atentan contra la permanencia cultural de muchos pueblos. También recuperaríamos un tema cultural, la política de hábitat debe incorporar además del tema de población, la dimensión sagrada no contemplados en el POT; con ello se evitaría que cada Plan Parcial que se formula termine expulsando los habitantes nativos del territorio y atropellando sus derechos fundamentales”, concluyó.