Jan 27

Los custodios de Zarinzuba

 

Custodios de semillas convocados por la Confederación Indígena Tayrona y los representantes del pueblo arhuaco en la Mesa Nacional de Alimentación se  reunieron en la Sierra Nevada de Santa Marta  para hablar del futuro de Zarinzuba o semilla de vida.

 
El desplazamiento de custodios de semillas nacionales e internacionales hasta Nabusimake (Sierra Nevada de Santa Marta), desde lugares como Rio Sucio (Caldas), Villavicencio (Meta), Villa de Leyva (Boyacá) y países como Francia y Brasil, tuvo un significado especial ligado a Zarinzuba o la semilla de vida. 
Durante tres días, la comunidad indígena arhuaca le abrió las puertas de su capital sagrada –considerada por ellos como el corazón de la tierra– a personas dedicadas a cuidar la semilla nativa a través de la apropiación de un ciclo agroalimentario que consiste en custodiar la semilla, producir agroecológicamente, comercializar de forma justa, promover el consumo consciente, recuperar los valores culturales ligados a la preparación de los alimentos e intercambiar experiencias sobre la domesticación o crianza de las semillas.
 
Según una ‘Gwati’ o mujer arhuaca presente en el encuentro, “las semillas tienen más de 10.000 años y graban en su memoria nuestros cantos de origen. Desde entonces danzamos para que nos den buenas cosechas y son la herencia que hemos cuidado para alimentar a la humanidad”.
 
En medio del encuentro, resaltó la intervención de Eric Semeillon –representante de la asociación francesa Kokopelli (www.kokopelli-semences.fr)– una organización que se dedica desde hace más de 10 años a promover la conservación de la semilla nativa en este país, a pesar de las leyes que existen para restringir esta práctica milenaria en las comunidades. “Hace 20 años estamos desobedeciendo porque la Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales (UPOV) y su tratado nació más o menos en los años sesenta, y aunque  hubo modificaciones –de hecho la versión de 1991 es mucho peor- es una realidad que nosotros venimos ilegalmente reproduciendo semillas de tomate, lechuga, berenjena, chile, que son el patrimonio de nuestros abuelos”, afirmó Semeillon.
 
Durante esta conferencia y la de otros líderes presentes como Juan Castellanos, fundador de la ecoaldea más antigua de Colombia denominada Pachamama y ubicada en el municipio de Calarcá (Quindío), se conmemoró como uno de los aportes más importantes de la mujer a la humanidad la domesticación de las semillas, y la estrecha relación que tiene este proceso con los ciclos de la luna. Frente a esto, la indígena arhuaca Ati Quigua –promotora del Referendo por los Derechos de la Naturaleza­– dijo “todos estos procesos nos hablan de la relación fundante de la mujer y la identidad de todas las naciones indígenas con la Madre tierra”.
 
Por otro lado, Andrés Guzmán –fundador del movimiento de creativos ALTERÓPTICA (www.alteroptica.tv) y miembro del colectivo Los Transformadores­– hizo presencia en el encuentro para dar a conocer una propuesta en la que el arte multimedial como el mapping no es un recurso de vanguardia exclusivo al servicio de las multinacionales, sino también un desarrollo que puede ser puesto a disposición de las movilizaciones que le dan claridad a la humanidad, y expresó: “Estamos aquí para promover que la creatividad esté al servicio de la originalidad. La biodiversidad y la diversidad cultural de nuestro país son insumos suficientes para crear una matriz estética que narre la vida y genere otra posibilidad de economía”.
 
Para finalizar, añadió que era necesario ver algunas de las 36 mil variedades de fríjoles que tiene Colombia para saber que estas –además de alimentar– son fuente de inspiración para crear muchos contenidos.
 
La semilla: un patrimonio de la humanidad
 
Similar a Kokopelli, la meta de Vladimir Noreira y el equipo que conforma la red de semillas brasilera Bionatur –con presencia en Río Grande do Sul, Santa Catarina, Paraná y Minas Gerais– es cambiar el ‘agronegocio’ por el agroecológico a través de bancos de semillas que sean propiedad de los agricultores.
 
Describiendo la relación amigable que existe entre la agroecología y el agua, la comunidad arhuaca y kogui, los representantes de las comunidades indígenas Emberá, entre otros asistentes coincidieron con Noreira en que la agricultura tradicional no es sostenible: “desperdicio de agua en casi un 72 por ciento, pérdida de la diversidad genética, contaminación del medio ambiente y dependencia de insumos externos convierten a la agricultura con agrotóxicos y transgénicos en un proceso que no es acorde con el llamado de la Madre Tierra de cuidar la vida”.
 
Además de respaldar la domesticación de semillas, una actividad que finalizada la era glacial representó el origen de la agricultura, Bionatur destaca el valor gastronómico, cultural y ancestral que encierra el proceso de sembrar, recoger, seleccionar, intercambiar semillas y preparar los alimentos, promoviendo que este sea considerado como patrimonio cultural de la humanidad.
 
 
¿Hay suficiente tierra para sembrar?
 
La cuota Emberá en el encuentro la aportaron Jairo Chicama, gobernador de un cabildo indígena Emberá en Bogotá, y Diana Salazar, representante del resguardo indígena Emberá Cañamomo Lomaprieta del municipio de Rio Sucio (Caldas).
 
Esta última expuso ante los asistentes el proceso que lleva a cabo esta comunidad para conservar 600 variedades de fríjol desde el año 2009 y destacó que pese a los esfuerzos de los líderes interesados en aportar al mejoramiento de la calidad de vida de los Emberá en esta región del país, factores como la tenencia de la tierra amenaza la sostenibilidad del proyecto.
 
De acuerdo con Salazar, “somos 23.860 habitantes para tan solo 4.860 hectáreas de tierra, aproximadamente. Con el proceso de reestructuración de los resguardos coloniales, el gobierno pretende convertirnos en globos donde acá podemos estar, pero allá no. Le hemos solicitado a los terratenientes de la zona que nos permitan sembrar y estos se han negado, a pesar de estar habitando un territorio que en el fondo no les pertenece. La tasa de natalidad aumenta pero la tierra no, y en diez años no vamos a tener donde vivir”.
 
Un caso parecido es el esfuerzo que llevan a cabo los campesinos del Catatumbo para lograr que el gobierno nacional decrete este territorio como zona de reserva campesina (ZRC). Según César Jerez, líder campesino de la zona, esta categoría es fundamental para sembrar semillas libres de agroquímicos y seguir luchando por un modelo de soberanía alimentaria propio.
 
 
Participación política para retornar al origen
 
Ati Quigua hizo presencia en el encuentro como integrante activa de la comunidad y futura representante de SÉ o la ley de origen en las próximas elecciones al senado. Con el aval de los mamos y zagas de la Sierra Nevada de Santa Marta, la exconcejal de Bogotá busca socializar con todos los colombianos la visión del pueblo arhuaco desde el congreso de la república.
 
Con relación a esto, Quigua comentó “necesitamos reivindicar el orden sagrado, ancestral, natural y colectivo de nuestros territorios y los derechos de la naturaleza. Además, es elemental una ley de ordenamiento hidrográfico, una ley de reservas agroalimentarias comunitarias de semillas nativas con participación de todos y una ley del aire limpio; que exista autonomía y libertad energética en armonía con el ciclo del sol y de la luna”.
 
Estas opiniones, así como los comentarios de los demás asistentes al encuentro, quedaron consignadas en la Declaración del Primer Encuentro Mundial de Custodios de Semillas que resumió los tres días de trabajo en Nabusimake. En este documento, la comunidad expresa su rechazo frente a la criminalización de las semillas nativas y de los campesinos e indígenas que las cultivan por parte del artículo 306 del código penal, la inclusión de Colombia dentro del UPOV91 y la liberación comercial de semillas genéticamente modificadas en Colombia, tal y como ocurrió con el algodón transgénico BT de la firma Monsanto que contó con la aprobación de las mesas técnicas del Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamente y Alimentos (Invima) y del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) en el año 2002.
 
Para conocer la declaración puede visitar: http://www.seorigen.co/declaracion-nabusimake/
 
Por: Ana María Luzardo Ocampo.