Aug 13

La ley de Origen reconoce los espacios del Agua como espacios sagrados.

Los ríos como los humanos tienen etapas niños, jovenes, adultos y ancianos, cumplen su misión. Los ríos nacen y en su niñez hay que cuidarlos con el mismo afecto que cuidamos nuestros hijos, esta etapa se conoce como Jwi Ankakusi, así como bautizamos nuestros hijos y le damos un nombre, asi mismo Ati Seynekun, la naturaleza tiene sus rituales de nacimiento y le asigna una misión a cada ser viviente, a cada río. En la edad joven son inquietos muy propio de su naturaleza se junta con otros, estos espacios de encuentro de los ríos en edad joven son espacios de pagamento, esta etapa en las jovenes se conoce como Munseymuke y en los jóvenes como Joburu ipari, es una etapa de preparación para cumplir con una misión, en edad adulta es la edad para prestar servicio a la humanidad y reproducirse, pero no se debe abusar también otros seres vivos necesitan su servicio esta etapa se conoce como Jwi Angawi o Gunseymuke y  en la vejez descansan por valles, generalmente llegan al mar, otros no alcanzan, cuando se logra cumplir con la misión y se pasa a otro estado se hace el ritual de Eysa en el mundo occidental entendido como mortoria. Es nuestro deber velar para que el ciclo del agua siga su curso natural, los ríos lleguen al mar.

El agua es la memoria de la Naturaleza, no se debe desviar a los ríos de su cauce natural tarde o temprano retoman su espacio. Los ríos llevan alimento al mar, comunican el clima frio con el clima caliente, son los encargados de refrescar el aire. Nuestra Madre Ati Seynekun está representada en el mar, allí inicio la vida aun cuando no había nacido nuestro padre kaku Bunkwakukwi el sol. La brisa del mar es una caricia de Ati Seynekun.

Las lagunas donde nacen los ríos representan la esencia intima femenina y la montaña que siempre la acompaña la esencia masculina, conviven en una relación íntima la montaña y la laguna. Esta relación es sagrada y hay que protegerla, si se afecta la montaña se afecta la laguna, el nacimiento, el ciclo y proceso vital del río. A estos espacios se va a intimar con el Agua, la Montaña a refrescar los propósitos fundamentales de la vida, por eso los espacios más sagrados para la comunidad Arhuaca y Kogui están en Chundwa las nieves representadas en los tutusomas gorros blancos de los hombres y en laguna Ati Naboba madre de los tejidos que nos dejo sus enseñanzas en los dibujos de las mochilas.

Reconocer los derechos de los ríos, del agua, es un llamado desde la ley de origen a un cambio de visión, de ser, de país. Sabemos que el orden del todo, que existe y que tiene vida propia del que todos hacemos parte,  está profundamente interrelacionado, tenemos un destino común. Lo que le suceda al ríos nos sucederá a todos esa es la ley natural.

 El río Bogotá ya ha sido víctima de la visión de progreso en nombre del cual en menos de 25 años la capital ha perdido más de 90 quebradas según consta en el censo Agustín Codazzi, de 70.000 hectáreas de humedales que tenía Bogotá hoy quedan menos de 800, es la expresión más triste del desarrollo en Colombia, para las Sagas sabias Koguis y Arhuacas al agua es el reflejo del estado espiritual de un Pueblo, el cambio que necesitamos es profundo. Necesitamos una nueva visión de futuro, porque no podemos llamar progreso o desarrollo a la autodestrucción. Es tiempo de armonizar nuestras aguas internas con los ciclos y procesos vitales del agua. El discurso del desarrollo tiene muchas razones pero muy poco Amor. Debe existir un justo equilibrio entre los derechos Colectivos, los derechos individuales y los Derechos de la Naturaleza. El pagamento es necesario para crear las condiciones materiales y espirituales para el buen vivir.

Ley de Origen: establece las maneras de relacionarse consigo mismo, con la familia, con la comunidad, con la naturaleza y con el cosmos; con el propósito de vivir en armonía con el orden natural del agua, la tierra, el aire y el sol.

Buen Vivir para tod@s...

 

  • Río Bogotá

Estudian la posibilidad de sustraer 64.000 hectáreas de la Reserva de la Cuenca Alta del Río Bogotá.

Ver nota: El Espectador